Mi pareja me ha dejado, ya no me quiere…

Ante un desengaño, ruptura o abandono amoroso, todos los sueños o las  ilusiones que se habían puesto en esa relación, se rompen, es inevitable pasar por diferentes fases como la  tristeza, la desesperación, la impotencia…con diferentes grados de intensidad, dependiendo del grado de implicación en la relación o el tiempo que haya durado.

Fase de Impacto. Es la primera reacción: una sensación de paralización, desorientación e incredulidad. La vida se para y la atención se concentra en la pérdida sentimental. Se bloquean o se desorganizan las emociones y es difícil concentrarse en las tareas diarias. Cuesta conciliar el sueño y se pierde el apetito. La etapa puede durar un día o un mes, pero no mucho más. Puede venir acompañada de síntomas físicos de ansiedad como vértigo, crisis de pánico, hiperventilación o cansancio extremo. 

Fase de Negación. Este mecanismo, que conlleva la incapacidad de aceptar que la relación ha terminado, también sucede cuando se vive la muerte de un ser querido. Hay personas que se estancan en esta etapa durante años, con la esperanza de que vuelva la persona que se fue.

Fase de súplica o dolor. La primera reacción puede ser llorar e implorar su amor, como una forma desesperada de no perder a esa persona. No se pierde la dignidad por decirle a alguien que le quiere, pero si no es reciproco, seguir insistiendo, no tiene sentido.

Cuando uno se ve inmerso en una ruptura amorosa, se tiene la sensación de que todo se ralentiza y el tiempo pasa lentamente. Se vive en el pasado, sobre los recuerdos. Los pensamientos dan vueltas y vueltas, mezclándolos con las emociones que se disparan y se viven de una forma muy intensa. Empiezan los reproches y se buscan culpables o aparece la sensación de culpa.

Fase de Pena o Depresión. Esta emoción puede afectar tanto al que abandona como al abandonado. Suele describirse como un sentimiento de vacío, como si faltara una parte de uno mismo. Es el sentimiento que impulsa a muchas personas a correr hacia otra relación, lo cual no es algo muy sano emocionalmente, aunque sí comprensible.

Es importante permitirse vivir la experiencia de la tristeza sin acudir a atajos como la actividad frenética, drogas y alcohol o promiscuidad sexual. En estas circunstancias es aconsejable hablar sobre lo que se está sintiendo.

La pena proviene no solo de la pérdida de la persona, sino del tiempo que se compartió y del fracaso del proyecto de pareja. La pena puede conducir a la depresión y es entonces cuando la persona se puede quedar estancada, a veces durante años. Si no se puede seguir adelante y superar la etapa, habría que buscar ayuda profesional.

Fase de Culpa. Esta emoción es sentida por aquél que termina la relación, pero también por el abandonado. En este último caso posiblemente debido a la idea de fracaso. Al pensar sobre qué fue lo que falló, el que se culpabiliza suele razonar sobre lo que podría haber sido hecho de otra forma.

Si algo tiene de positiva la culpa, es que ayuda a hacer cambios en el futuro. La parte negativa y no saludable es la que lleva a culparse a uno mismo de un modo poco ecuánime e injusto. Las personas que lo hacen son aquellas que son incapaces de sentir rabia hacia la ex pareja y dirigen la rabia hacia sí mismos. Creen que todo ha sido culpa suya. Habría que recordar que el remordimiento genuino debe venir seguido del perdón hacia sí mismo. Si no se consigue superar la culpa, no es posible finalizar el duelo.

Rabia. La presencia de la rabia es algo completamente normal durante el duelo. Es una fuerte emoción que nace de sentirse herido, aunque no haya nadie a quién culpar. El momento en que se experimenta la rabia depende de cada persona en particular. Algunos la sienten muy al principio y otros son más lentos hasta llegar a sentirla. Al ser una energía potente, la rabia puede hacer sentir irritabilidad y nerviosismo, pero el lado positivo es que ayuda a sobrellevar los malos momentos y motiva para reconstruir la vida.

No habría que sentirse culpable por sentir rabia en esta etapa, ya que esto indica que se está superando la pena. También puede revelarse una rabia destructiva y no terapéutica en forma de venganza o de la utilización de los hijos en contra de la otra persona. Otras veces la rabia se materializa en una siguiente relación, llevando a que la persona se desquite inconscientemente con la nueva pareja con insultos, desconsideración o indiferencia. De esta forma está proyectando en otro lo que siente que le han hecho. También hay personas que permanecen rabiosas durante años, lo cual indica que siguen ligados emocionalmente a sus ex parejas de un modo destructivo. Es importante saber discernir con la ayuda de un terapeuta si la rabia es saludable o es destructiva.

Fase del odio. Del amor, se pasa al odio. Ya no se quiere saber nada de la otra persona, aunque se siguen buscando indicios a ver si la otra persona ha recapacitado y te busca de algún modo o quiere volver a estar juntos.

Fase de razonamiento. En la que se empieza a analizar como si todo funcionaba bien, de repente se ha roto y se intenta hacer razonar a la otra persona que se ha equivocado y se plantea la posibilidad de intentar buscar soluciones y de corregir lo que no ha funcionado.

La ayuda de un profesional que pueda ser objetivo es crucial en este punto, antes que la relación llegue a romperse del todo y ya no haya solución.

Resignación: el adiós. Esta es la transición más difícil del proceso de duelo. No solo hay que aceptar que la relación se ha terminado; también hay que liberarse de ella por completo, recuperando la energía que se invirtió en la relación. Aunque parezca que lo peor ya pasado, también es posible quedarse atrapado en esta etapa: cuando el agotamiento nervioso deja a la persona sin motivación para seguir adelante.

Fase de adaptación y asimilación. Poco a poco, se va asimilando la nueva situación y acepta la perdida y lo que ha sucedido, igual que en un proceso de duelo por la muerte de un ser querido. Se empieza a normalizar la rutina diaria, se empieza a dormir mejor, a centrar la atención de nuevo en el trabajo, a salir con los amigos y hacer nuevas relaciones. La ex­ pareja deja de ser el centro de todas las conversaciones. Y se comienza a tener ilusión por cosas nuevas y a plantearse nuevas relaciones de pareja.

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido…” – Pablo Neruda

Muchas personas no consiguen pasar a esta fase adecuadamente y se quedan anclados en la anterior por mucho tiempo, incluso años. Lo que interferirá en su vida y en futuras relaciones de pareja. Darse cuenta de ello es fundamental para empezar a tomar las riendas de tu vida y proponerse un cambio o pedir ayuda a un profesional que ayude en este proceso.

Fase de indiferencia-olvido. La vida continúa sin la presencia del ex que ha terminado pasando a un segundo plano. Esto no significa que si un día ves una foto o te hablan de él o te lo encuentras por la calle, se despierten los recuerdos, las emociones de añoranza o el corazón vaya más deprisa de repente, todo esto es normal.

Fase de sinceramiento. Es normal que tras momentos de reencuentro surjan dudas o sentimientos contradictorios, pero es solo una fase e igual que llega, se suele ir. Ahora es cuando las personas que conoces empiezan a darte su opinión sincera sobre tu ex y te dicen lo mal que les caía o todas aquellas cosas negativas que han callado porque estabais juntos.

Reconstrucción. En este punto hay más días alegres que tristes y se empieza a reconstruir activamente la vida. La persona vuelve a centrar la atención en sí mismo y a sus propias necesidades y se vuelve a desear conocer a otra persona. Esta etapa es como aprender a caminar otra vez después de haberse roto una pierna. La persona se siente mejor pero necesita construir su fortaleza desarrollando el amor propio y la seguridad en sí misma.

Tendemos a aferrarnos a las cosas y a las personas como una forma de sobrevivir en este mundo y aceptar una perdida cuesta. Pero nadie tiene la obligación de permanecer al lado de alguien que no  quiere y no valora.

Vivir una ruptura de una forma irracional, no ayuda. El mundo no se acaba y la vida, aunque al principio no lo parezca, sigue. Cuando algo termina, lo siguiente siempre es mejor. Aprender a ver el lado positivo de las cosas y/o aprender de ellas es lo mejor que nos puede pasar para seguir avanzando y creciendo como personas.